La Nuit de William-Adolphe Bouguereau (1883).
Nix, Nyx, Nicte, la diosa primordial,
la noche celestial que se hace Caos,
la noche primigenia en un poema
de Orfeo de figuras de las letras
de cavernas oscuras de Adyton.
La noche de los fuegos de los sueños
nocturnos en oráculos proféticos
donde Crono se queda encadenado,
dormido y borracho de la miel
de sueños y promesas más órficas.
Y a la entrada en la cueva Adrastea
tañe címbalos, toca el tympanon
y bailando acuna el universo
en órbitas en astros en estrellas
en trance en una danza eufórica
al ritmo del encanto de una voz,
la voz de Nyx, su dulce voz vibrante
vibrando en su canción y en su música
su música hipnótica sedante
que tiñe el escenario en la memoria,
memoria de sopores color sepia
en sueños, en deseos, en fulgores
de chispazos de luz de fuegos fatuos
en medio de la muerte y de la vida,
en medio de la vida y de la muerte
más viva en la tierra de los sueños,
los sueños que se viven en la sangre
de sueños de los vasos de las venas,
los sueños rebrotando a borbotones
tan reales, tan patentes, tan vitales,
los sueños que se llenan de los sueños
de sueños que se llenan de emociones,
los sueños que se sueñan y se sueñan
creciendo ensoñación a ensoñación...
