John W. Waterhouse, 1896.
La primera mujer, de nombre de Eva
mujer mortal a imagen semejanza
de las llamas del fuego del Olimpo
robadas por promesas de esperanza.
La tapa de un jarrón, jarra sin tapa
los males y los bienes liberados
el cierre del cerrojo desprendido
de estirpe inteligente de Atenea.
Si cada cual descubre su belleza,
si cada quien se siente cautivado,
si ha destapado auténticas mentiras
y cede el corazón esperanzado
a expensas de la caja que ha dejado
enterrada en el medio del camino,
a laslos mujerhombre en esta tierra,
a esasesos andrógenos vivientes,
laslos primer@s jóvenes recientes,
laslos menores niñ@s incipientes,
laslos antiguas almas y las flores
en aguas de voraz naturaleza,
los gritos de animales que se llaman
muy dentro de la sombra más oscura,
tan dentro de la noche más cerrada,
despacio en el tiempo a tiempo vivo,
se encuentren, esos seres tan perdidos
se encuentren y se pierden en planeta
perdido en la galaxia conocida,
planeta en peligro tan querido,
planeta que precisa de cuidado,
planeta sin un centro, acentrado
en universo oculto en una caja,
un universo a punto de estrenar
que está enteramente por hacer...
