DEFENSA DE LA ALEGRÍA
Mario Benedetti
Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas
defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos
defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardíacos
de las endemias y las academias
defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres
defender la alegría como un certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa
defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.
1 comentario:
A veces la vida se parece a una guerra. A veces la paz tan defendida, es la de los cementerios, el tedio de rutinas. Aun en el desasosiego de la lucha es posible cavar y arrinconarnos, atrincherarnos y resistir blandiendo una alegría.
A la alegría se llega como a un encuentro azaroso y presentido. Cuando nos toma por sorpresa parece que fuera parte de nuestra naturaleza, que responde a la lógica de la existencia: que ella está y sólo se trata de reconocerla y hacerla nuestra. Y no es cierto.
La alegría se construye, se defiende y se reclama, se destruye, se desarma, se roba y se mata; se reconquista, se transmite y se comparte.
Diana L. Braceras
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