inundaba las horas de la tarde
mezclado con el río que sonaba
y hablaba de esas cosas del pensar.
El aire desprendía ese aroma
fundido en el fruto de una higuera
morada del color, fruto maduro,
las brevas por los suelos que alimentan
de muerte esa otra vida por venir.
El árbol de la vida del origen,
el árbol de la ciencia primigenio
el árbol de la ciencia primigenio
escrito en otro libro de memorias,
relatos tan antiguos como el mundo
que leemos leyendo cuanto está
escrito previamente en esta tierra,
el lecho de los ríos, tan sonoro,
el lecho de la tierra como en casa,
el lecho de la tierra como en casa,
el aire perfumado por la higuera,
el aire de este aire tan repleto
el aire de este aire tan repleto
de un canto de cigarras pertinaz,
los sueños que se sueñan descansados,
los sueños que imaginan mil momentos,
los sueños en los sueños que se ensueñan
en las ensoñaciones cotidianas,
las lágrimas en lágrimas vertidas
en el río, los ríos de las lágrimas
vertidas por los ríos de este mundo,
las lágrimas que viajan y se buscan
en lágrimas de caras conocidas,
los sueños en los sueños que se ensueñan
en las ensoñaciones cotidianas,
las lágrimas en lágrimas vertidas
en el río, los ríos de las lágrimas
vertidas por los ríos de este mundo,
las lágrimas que viajan y se buscan
en lágrimas de caras conocidas,
las lágrimas de Ceres reencontradas
con su hija ProserpinA otra vez...