lunes, 13 de septiembre de 2010

Mujer de un claroscuro renaciendo...




¿Será su valentía tanta que aun
sabiendo descifrar las paradojas
esta contradicción de los contrarios,
la condena infernal de los sentidos,
la mente demencial de la sapiencia,
sí que haya descendido, en la duda
de la luz sobre luces sobre sombras?


¿Será su valentía tanta que aun
sabiendo que ese sótano y terrado
dan vueltas y más vueltas en la esfera
adentro de un espejo reflejada
de infiernos y de cielos personales
en círculos concéntrico espirales
que giran y dan vueltas sin cesar?


¿Será su valentía tanta que aun
sabiéndose sabiendo en la distancia
en medio de escaleras claroscuras,
lanzándose de bruces al abismo
sabiendo del dolor, dolor sintiendo
tan dulce es el dolor, y tan amargo
se funda y se funde en lo más hondo?


¿Será su valentía tanta que aun
sabiéndose sabiendo y por lo tanto 
sabiendo y por lo tanto libremente
se adentre en su centro más oscuro
de negra luz a oscuras verdadera
sabiendo que el ensueño amanece
cuando menos esperas despertar?


¿Será su valentía tanta, tanta?...
Perséfone raptada por sí misma
en manos de un demiurgo que ella abre
en manos que se cortan a pedazos
en bocas que se callan en los labios
en ojos que se cierran en la muerte
sin sangre sin palabras sin amor.


Es tanta valentía en una joven
que quiere descubrirse sus secretos
tapados hasta ahora y enterrados
en tumbas de su historia dando tumbos
acallados y ardientes en silencio
amordazados, mudos, prohibidos
queriendo escapar de su prisión.


Es tanta, tanta y tanta que el desvelo
la eleva en sus brazos hasta el Sol
y entonces va a verse en su mirada,
a oírse en sus palabras de palabras,
a olerse entre su tierra entre terrones
de azúcar, de pimienta y azafrán
en su piel en caricias de jazmín.


Tanta, tanta y tanta que ya es ella
sin haberlo dejado de ser, ser
su objeto y su sujeto del saber
ser, vivir y vivirse libremente
vivir para saberse vivir viva
y saberse vivir de viva muerte,
sabiéndose  sabiéndose  sabiéndose 
fruto vital en ojos lengua orejas
nariz manos cerebro senos piel
por entero por entera
la piel la piel la piel
la piel de las cenizas en la piel
la piel en el cerebro
la piel célula piel
cabeza, corazón, matriz, pies, piel
la piel creciendo en piel
la piel la piel la piel
la piel en el cerebro
la piel célula piel
la piel en las caricias del jazmín.


enric, para un poema de Perséfone

3 comentarios:

Ofelia dijo...

Hola Enric (alias el hombre "sembrao"),
asocio a Perséfone a las plantas que, como ella, están atadas a las fértiles profundides de la tierra, lugar donde se esconden los tesoros, las piedras preciosas, la lámpara mágica de Aladino....lugar del que sólo se puede salir y florecer, si has entrado con el corazón limpio e inocente.
Fértil Enric, es maravillosamente abrumador leérte.
Un beso precioso*

enric batiste dijo...

¡Perséfone sembrando como musa!

Mercedes González dijo...

Raptarse a sí misma creo que es el peor de los raptos, ¿quién pagará el resacate?

Me encanta tu serie sobre Perséfona, ya te dije que me identifico con ella.

Besos, compañero poeta